¿Qué es "lo normal"?, ¿Quién es "normal"?.
Cómo reconocer a un chantajista emocional.

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  CEREBRO Y EMOCIONES.  17 de agosto de 2019
Menos egocentrismo y más florecer todos juntos.
No importa a quién le brindamos una sonrisa, le ofrecemos una palabra cariñosa que le reconforte o le tendemos una mano: lo verdaderamente esencial es hacerlo.

entregarse a los otros, sintiendo que su dicha reverbera de algún modo en nosotros y nos hace sentir bien y en armonía con la vida, parece que está muy relacionado con nuestra capacidad de dar y recibir amor de forma equilibrada.

Nadie puede dar lo que no tiene ni disfrutar lo que no cree merecer. Por eso, para conseguir hacer felices a los demás, es preciso primero amarse a uno mismo de verdad, desde el corazón, y eso a veces no resulta tan fácil como nos imaginamos.

Algunas personas, por ejemplo, siempre están dispuestas a hacer mil y un favores pero se sienten incómodas en el papel contrario; no les resulta fácil aceptar de buen grado las muestras de afecto o las atenciones que les brindan los demás, incluso cuando están enfermas y realmente las necesitan.

Probablemente ignoran que si aceptan, sin reservas, lo que se les regala de buen grado permite que los otros experimenten la extraordinaria felicidad de dar.

TRABAJAR LA SOLIDARIDAD UNIVERSAL TE HARÁ MEJOR

Si llevamos la cuenta y nos empeñamos en devolver favor por favor no embellecemos nuestra alma, ni florecemos, ni engrandecemos ninguna relación; quizá reafirmemos nuestro orgullo o apacigüemos el miedo a parecer débiles o vulnerables. Sea lo que sea lo que nos mueva a actuar de ese modo, seguramente tiene que ver con cierta desconfianza ancestral a aceptar el bien sin más.

En cambio, si nos sentimos plenamente merecedores de todo lo buenoque nos sucede, agradecemos lo que a veces nos ofrecen personas que se cruzan en nuestro camino y, al mismo tiempo, practicamos la generosidad sin esperar nada a cambio, afianzamos nuestra confianza en la vida y sentimos esa agradable sensación de unidad que podríamos llamar felicidad.

 

 

Para conseguir ese amoroso equilibrio interno, ese estado que permite estimular nuestro bienestar y apertura emocional y los de las personas que nos rodean, es imprescindible despojarse, con cariño, de muchos prejuicios y creencias erróneas que hemos ido acumulando desde pequeños y que nos vamos pasando de padres a hijos sin apenas darnos cuenta.

RETIRAR LAS MALAS HIERBAS

Aunque a veces no somos conscientes de ello, la inmensa mayoría de los seres humanos llevamos dentro un juez severo que gobierna nuestra existencia y a menudo nos suele crear sentimientos de vergüenza, culpa y frustración, en vez de jugar a nuestro favor y ayudarnos a ver el lado amoroso y positivo de la vida.

"Hay algo en nuestra mente que lo juzga todo y a todos, especialmente a nosotros mismos", dice Miguel Ruiz, autor de Los cuatro acuerdos. A menudo, las creencias que conforman el particular "Libro de la Ley" de este juez interior resultan perjudiciales pero están arraigadas en nuestro inconsciente porque nos proporcionan seguridad y se han convertido en nuestra "zona de confort".

Salir de allí, aunque es absolutamente necesario para crecer y amar, suele generar una gran inseguridad y mucho miedo. Pero si no vamos más allá de lo conocido, si no trascendemos con amabilidad las normas de ese juez resentido, difícilmente conseguiremos valorarnos a nosotros mismos. Seguiremos más bien juzgando y criticando a los demás en vez de contribuir a su bienestar y al nuestro.

"Si no damos el paso –afirma Miguel Ruiz–, continuaremos percibiendo el mundo como un lugar inhóspito y la vida como un ‘valle de lágrimas’, y nos perderemos la posibilidad de considerarla una aventura interesante, con frecuencia fascinante, llena de oportunidades de conocer a personas maravillosas, de unir nuestras voces y conectar con la belleza en los lugares más insospechados ".

Es decir, perderemos la posibilidad de sentir el estado de gracia que produce la entrega y el servicio a los demás. ¿Pero cómo se elimina ese sentimiento desagradable que produce, por ejemplo, la envidia y se llega al puro gozo de compartir situaciones de plenitud con los demás?

LA LIBERTAD DE LOS DEMÁS

Para aplacar a ese juez que nos transforma en víctimas y verdugos a su antojo es necesario plantar en nuestro interior creencias menos dramáticas, más luminosas que, una vez enraizadas, nos permitan tener una mayor capacidad de ponernos en el lugar del otro y sintonizar con sus sentimientos.

 

 

 

Las semillas de empatía, cuando florecen, despliegan multitud de nuevas y extraordinarias perspectivas. Por ejemplo, nos es más fácil escuchar, incluso nos complace más que hablar de nosotros mismos. Cuando en vez de oír uno escucha sin la más mínima intención de emitir juicios, hacer suposiciones o exponer sus creencias, automáticamente el otro se tranquiliza y, de esta manera, se crea una comunicación afectuosa que resulta un verdadero bálsamo para ambas partes.

HABLAR DESDE EL CORAZÓN

Otra semilla que nos predispone a sentirnos dichosos y a contagiar nuestro radiante estado a los demás es utilizar con cariño y coherencia las palabras. "Es tan fácil hablar que no nos damos cuenta del milagro que representa y del enorme poder que tienen las palabras" –dice Mercè Castro Puig en Palabras que consuelan–.

"Cuando nos expresamos con nuestra lengua materna los sonidos brotan sin pensar, como por arte de magia, y cada palabra encierra nuestra forma de ver la vida. El lenguaje nos define y nos ayuda a compartir sentimiento".

"Hablar de nuestras emociones cura y establece buenos vínculos, siempre y cuando hablemos desde el corazón, desde el centro de nuestro ser, desde nuestro yo más sagrado. Si no es así, las palabras no sirven para estrechar lazos porque están vacías. Cuando decimos una cosa y sentimos otra, desperdiciamos el poder inmenso de las palabras".

 

 

 

Según esta autora, las palabras de amor construyen puentes que ayudan a pasar de la oscuridad a la luz, porque crean armonía y paz. Al verbalizar una cualidad o algo bonito de alguien que tal vez no esté pasando por su mejor momento, activamos en nuestro interior el interruptor que nos une a la creación, al universo entero, y eso le brinda al otro el impulso para sentirse mejor.

DOS FORMAS DE CREAR ARMONÍA

En el día a día tenemos muchas oportunidades de limar asperezas, acortar distancias y sentirnos más unidos con quienes nos rodean, en ocasiones, hasta el punto de vivir juntos momentos sublimes. Ciertos hábitos pueden favorecerlo:

  • Bendecir. Esta palabra significa literalmente bien decir, es decir, hablar bien de los demás, resaltar sus cualidades, alegrarse de sus logros... si bendecimos en vez de envidiar o criticar, no solo facilitamos que llegue a nuestras vidas todo lo bueno que somos capaces de ver en los otros, sino que contribuimos al florecer de los demás.
  • ApreciarValorar lo que tenemos y a las personas que nos rodean abre la puerta a agradables y compartidas sensaciones de serenidad y bienestar.

TODOS SOMOS UNO

"Darle a alguien todo tu amor no asegura que te ame, no esperes que te ame por el mero hecho de amarle; solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona. Y si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo. Hay cosas que te encantaría oír, que nunca escucharás de quien te gustaría que las dijera; pero no seas tan sordo para no oírlas de aquel que las dice desde su corazón", asegura la Madre Teresa de Calcuta, quien dedicó su vida a servir y amar a los demás.

Ella, como los grandes maestros, afirmaba que todos somos uno y que lo que le ocurre a alguien en cualquier parte del mundo repercute de alguna manera en el resto de la humanidad. El "efecto mariposa" lo llamarían los científicos, cuando afirman que el batir de alas de una mariposa en un confín del planeta podría sumarse al conjunto de factores que desencadenan un tornado en una zona lejana.

Si queremos que nuestro aleteo, nuestro paso por la vida, vaya creando momentos de aceptación, apertura y fecundidad tendremos que adquirir flexibilidad para adaptarnos a los cambios, tenacidad para recorrer el camino, con el corazón abierto a pesar de los obstáculos, y la paciencia necesaria para seguir amando hasta nuestro último suspiro.

SÍNTOMAS DE EGOCENTRISMO

El egocentrismo y la insatisfacción que conlleva suele ser el principal obstáculo para gozar de la vida en comunión con los demás.

Las siguientes pautas permiten detectar si el ego anda subido de tono:

  • Intentamos atraer la atención hablando de nuestros problemas.
  • Damos nuestra opinión cuando no es necesaria.
  • Nos ofendemos con facilidad.
  • Estamos muy pendientes de caer bien a los demás.
  • Nos molesta no obtener reconocimiento por lo que hacemos.
  • Intentamos impresionar a los demás con nuestras posesiones, conocimientos, aspecto físico, etc.
  • Creemos, a menudo, que los otros están equivocados. Cuando eso sucede conviene variar la perspectiva vital, si es preciso con ayuda de un terapeuta.


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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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