Cómo dominar la vergüenza.
Menos egocentrismo y más florecer todos juntos.

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  REFLEXIONES  17 de agosto de 2019
¿Qué es "lo normal"?, ¿Quién es "normal"?.
"Cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal y de anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo. Son expresiones de un dualismo constitutivo de la conciencia occidental".
Michel Foucault.

Lo normal, la normalidad, lo normativo, son conceptos que hemos creado para tratar de definir el conjunto de normas que  regulan nuestra convivencia, el comportamiento de las mayorías, los lugares comunes, la lógica de nuestra sociedad. 

El concepto "normal" nos sirve para distinguir qué es lo correcto y lo incorrecto, qué está bien y mal, que es moral e innmoral. Pero la normalidad sirve, además, para discriminar a todas las personas y grupos humanos que no se ajustan a los patrones y modelos que sigue la mayoría. 

Aquellos que son diferentes a esta gran mayoría se etiquetan como los anormales, las raras, los desviados, las extrañas, los ambiguos, las inclasificables, o los diferentes al restoEsta condena de la diferencia es lo que nos divide en dos grupos: los que se adaptan y los que no, las que son aceptadas y las que no

Para poder integrarnos plenamente, tratamos de parecernos a aquellos con los que querríamos que se nos identificase. Por eso en las pandillas de adolescentes van todos vestidos iguales con ligeras variaciones. Necesitan sentir que pertenecen a un grupo. Por eso los varones jamás llevan falda en las sociedades occidentales: sus pantalones les definen como hombres. Esto no les sucede a los escoceses, que la usan en sus vestidos tradicionales sin perder un ápice de su masculinidad.

En nuestra sociedad la tendencia es ir hacia la homogeneización, la diferencia nos asusta.Quizás porque nos han educado con el miedo al "otro", a la desconfianza al que no reza como nosotros, al que no habla nuestro idioma, a la que no ama como nosotras. 

La diferencia, en lugar de valorarla porque nos enriquece,  nos sirve para definirnos, para etiquetarnos, para discriminarnos entre nosotros. El diferente no esnormal: los diferentes están locos, son maricas,excéntricos, lesbianas,   enfermas mentales, discapacitados. 

La "norma" entonces se sostiene gracias a la aceptación de la sociedad que vive bajo ella. Cuanto mayor es, más seguridad sentimos, por ejemplo en la carretera. Confiamos en que todo el mundo respeta las señales viales porque nos va la vida en ello. Si no, no saldríamos de casa. 

Esta normalidad también tiene que ver con la hegemonía. La norma está determinada por las personas que tienen el poder de decidir quién es normal y quién no lo es. 

La perspectiva de "lo normal" en un grupo se convierte en hegemónica cuando ese grupo obtiene el poder y puede transmitir a los demás, a través de la cultura y de la información, de la propaganda y de la fuerza, su cosmovisión de mundo, sus intereses, sus concepciones sobre lanormalidad, sobre cómo son las cosas y cómo deberían ser

Por ejemplo, las leyes anti-vagos, que provienen de una ideología según la cual los mendigos y los pobres lo son porque quieren, porque no les da la mente, porque son unos perezosos, porque no desean progresar ni se esfuerzan para ello. Según esta perspectiva, la gente normal es la gente que trabaja y desea mejorar su condición económica.

Así pues, la tiranía del asunto estriba en que creamos que las personas "normales" son aquellas que hacen lo que todo el mundo hace. O que se comportan como se supone que todos y todas "deberíamos" actuar.
 
Sin embargo, este concepto de normalidad cambia según las culturas y las generaciones. Lo que es "normal" para mi puede no serlo para una mujer saharaui o para una anciana japonesa

Un ejemplo es la relación que tenemos con la Tierra. Los occidentales consideramos "normal" enterrar nuestros excrementos bajo tierra para evitar malos olores. Los kuna de Panamá y Costa Rica en cambio defecan en el río porque no quieren ensuciar a la "madre Tierra", a la que adoran. Su cultura no ve normal ensuciar el suelo o el subsuelo, porque es sagrado. 

Otro ejemplo: lo que era "normal" en la cultura amorosa de la Antigüedad Griega (el amor sublime se da entre dos hombres, la relación perfecta es la que se da entre un maestro y su joven alumno, las relaciones con mujeres son solo para procrear) no es "normal" en nuestros días, pues nuestra sociedad condena enérgicamente la pederastia. 

Lo que es "normal" para un multimillonario, no lo es para una persona de clase obrera. 

La normalidad, entonces, cambia no solo según las zonas geográficas, sino también según las épocas históricas, la clase social, la etnia, el género.... y las circunstancias personales. 

Cada comunidad tiene sus costumbres, cosmovisiones, tradiciones, creencias y supersticiones, cada religión tiene sus mandamientos, cada pueblo establece sus propias normas. Y además,cada uno de nosotros tiene también una idea particular de cosas que son "normales" y cosas que no lo son. Y no siempre coincide con el concepto de "normalidad" de nuestra comunidad.

No todo el mundo se adapta a la norma de igual forma. Aceptamos algunas normalidades y otras no, rompemos con normalidades en determinadas épocas y en otras asumimos... nos cuesta más asumir normas que nos han sido impuestas y nos cuesta menos cuando participamos en su elaboración y aprobación. 

La buena noticia es que hay disidentes de la normalidad por todas partes: gente que ama a alguien de su mismo sexo, gente que cambia de genero,  gente que se queda a medio camino, gente que no piensa que el capitalismo sea el mejor sistema posible, gente que no acaba la carrera o que no acude al altar, gente que no consume desaforadamente, gente que lo deja todo y empieza una nueva vida, gente que se queda y lucha por cambiar las cosas. 

Las mujeres y los hombres disidentes, y todos aquellos que no se definen como hombres o mujeres,  y que son disidentes, suelen ser invisibilizados en la prensa, acallados en los parlamentos, discriminados en sus entornos laborales, torturados en las cárceles, golpeados en las comisarias. Todo para que no contagien al resto la disidencia de la normalidad

No solo están los disidentes que luchan por los derechos de todos y de todas.  También están los disidentes listillos, que ocupan puestos muy importantes y desprecian igualmente la norma, o la utilizan para lo que les conviene. Se dedican a saquear nuestros recursos comunes, a violar nuestra paz y a fomentar la desigualdad o la violencia. Para saber de ellos basta con leer los periódicos: corrupción, privatizaciones, tráfico de esclavas, tráfico de drogas, tráfico de armas, violaciones, homicidios, mafias, estafas.... A pesar de esta gente ambiciosa y con tendencia a delinquir, parece que todo funciona. Los medios de comunicación de masas nos  cuentan que estos que se desvían de la norma son excepciones y que siempre acaban pagando por ello. Aunque sean muchos.

La "globalización" está imponiendo sus ideas sobre lo que es normal, lógico o natural a través de los relatos y las noticias que llegan a todos los pueblos del mundo. La gente los asume como propios, pese a que la normalidad depende mucho de según quién seas, a qué familia perteneces, si la sociedad te ha abierto las puertas o si te las ha cerrado. 

Y es que en las periferias del mundo de lo normal en Occidente habitan multitud de personas que no pueden o no quieren integrarse en el sistema de producción y consumo. Son los vagabundos, las personas intergénero, las mujeres transexuales, los seres asociales y asexuales, la gente que sufre deformidades, los frikis de la informática que viven en un mundo paralelo, los travestis de la noche, las mujeres infieles, los que viven encerrados en armarios, os que conviven en tríos, la gente que sufre discapacidades que le impiden la plena inserción, las activistas de género y las performers, las académicas disidentes, la loca de los gatos, los hippies que aún viven en comunidades aisladas, los que protestan en las calles, los idealistas del mundo de la cooperación, las viudas con pensiones exiguas, los prejubilados que no querían jubilarse a los 52 años, los urbanitas que participan en huertos comunitarios, los border line, las artistas, las familias diversas, los que se inventan cosas locas, las que no aceptan imposiciones externas en su sexualidad, las que mantienen su ética y no aceptan trabajos que van en contra de sus principios. Gente rara. 

Y sin embargo, somos muchos los anormalesYo busco entre mis amigos y familiares gente "normal" y no encuentro. Todos mis amigos y amigas tienen alguna excentricidad en el carácter, o en el pasado. Tienen un lado oscuro, un vicio secreto, una loquera mal disimulada, una manía obsesiva, una fobia absurda, una pasión extraña, una costumbre irracional o una debilidad inconfesable. Así que, ¿dónde están los y las normales?. 

La normalidad es un concepto arbitrario, y nos sirve como mecanismo para crear sentido y para imponerlo como si fuera una ley divina o un hecho completamente natural. Ejemplos hay miles: "Lo normal es que la mujer se encargue de todo en la casa, lo normal es que las mujeres amen a los hombres,  lo normal es que los negros cedan el sitio a los blancos en los espacios públicos, lonormal es que los homosexuales no encuentren trabajo por su "anormalidad", lo normal es que los peces grandes se coman a los chicos". 

Todas estas frases que utilizan el concepto de normalidad, sirven para discriminar, para establecer distinciones, para explicar y justificar "las cosas que pasan". La realidad por ejemplo se puede construir desde una mentira: "Hay armas de destrucción masiva en Irak". Bajo esta falsa premisa, la idea que se transmite es: "Si hay armas en Irak, lo normal es que les declaremos la guerra, porque representan un peligro para el mundo entero".

La normalidad está cargada de ideología, por eso para un neoliberal lo "normal" es que se enriquezcan unos pocos y los demás trabajen para ellos, para algunas mujeres lo "normal" es que amor y celos vayan unidos, para algunos hombres lo "normal" es que su esposa le planche las camisas y su hija se case con un varón, para los budistas lo "normal" no existe, para los ultracatólicos, lo "normal" es que una mujer llegue virgen al matrimonio. 

Otro derivado de este concepto es la palabra "normalización", que consiste en que la persona o personas que no son normales, empiecen a trabajar activamente para serlo. 

La cuestión entonces es que si hace falta se señala que hay gente normal y hay gentevegetariana, rara porque no comen carne, o crudivegana, que come comida extraída exclusivamente de plantas y vegetales sin cocinar. La idea del Corte Inglés, como vimos en la imagen que encabeza el artículo, es que no son normales, pero se entiende de algún modo que si quisieran podrían "normalizarse". Normalizarse es dejarse de alternativas y adaptarse a la sociedad, asumir sus normas, adoptar los patrones sobre los que pensamos el mundo y lo construimos. 
Otras raras y raros

Hay gente muy rara en el mundo, oiga. Por ejemplo las feministas, que son raras porque defienden la igualdad y los derechos de las mujeres que se pisotean a diario en todos los rincones del mundo. O las mujeres y hombres antiespecistas que se juegan la vida en acciones de liberación de animales recluidos en laboratorios o granjas industriales. O los ecologistas que asaltan un barco cargado de toneladas de petróleo, o los inmigrantes que se organizan para derogar las leyes racistas o discriminatorias. O los que no usan jamás autopistas porque están en contra de ellas y siempre circulan por las carreteras nacionales. 

Raras y raros son, en general, todos aquellos que no opinan "como todo el mundo", que no se comportan como todo el mundo, que no se visten a la moda, que no se adecúan a las normas de la sociedad en la que viven. Por ejemplo, los ermitaños que viven en cuevas y no tienen dinero, y no lo necesitan. O las prostitutas que venden su cuerpo y ahorran para la vejez. O esas personas que vemos en el autobús y no sabríamos definir si son hombres o mujeres. 

Los raros son anormales, extraños y son castigados socialmente por ser disidentes de la norma. Las disidentes desprecian la norma, se desvían de ella, se inventan normas propias, las cambian cuando les parece. Y van llenando de colores el mundo, porque se atreven a vivir como desean, aún cargando sobre si muchas etiquetas discriminatorias. 

Algunos luchan por ser aceptados. Otras no. Algunos reivindican su diferencia, otras lucen su rareza para dar ejemplo, o convierten su anormalidad en una herramienta para su lucha cotidiana contra la norma que discrimina, que jerarquiza, que tiraniza. 

A solas o en colectivos, desde todos los rincones de la Tierra hay mucha gente que está luchando contra el concepto de "normalidad" de nuestro mundo capitalista, democrático y patriarcal. Están visibilizando otras "normalidades", cuestionando el concepto, abriendolo a otras formas de entender el mundo y de vivir la vida. 

Defienden la diversidad (de formas de ser, de relacionarse, de opinar, de vestir, de amar, de estar en el mundo). Son gente rara, algunos se llaman kuir, o cuir, o queer. O gente que no se etiqueta y gusta de permanecer indefinida para  reivindicar la diversidad del poder popular frente a la hegemonía de la homogeneidad, y la normalidad de los normales


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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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