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  VIDA  22 de agosto de 2019
Todo pasa por algo...
Durante una desafortunada ascensión al Kilimanjaro, dos amigas descubren el sentido que a veces ocultan los contratiempos. Y es que todo sucede por una razón.

En una granja cercana al Kilimanjaro vivían dos mujeres masáis, Tanei y Liloe, amigas inseparables desde la cuna. Eran las únicas de su poblado que no se habían casado, por lo que en su madurez decidieron compartir una cabaña donde llevaban una vida tranquila, cuidando de un rebaño de cabras y haciendo labores textiles. La imponente montaña se elevaba en el horizonte, con sus nieves perpetuas, y protagonizaba el sueño de Tanei de aventurarse algún día hasta la cima. A Liloe, en cambio, le aterrorizaba la mera idea de acercarse a aquella mole de lava y nieve. —Mi abuelo siempre me contaba que allí hace un frío terrible. —Nos abrigaremos bien –replicaba Tanei. —Aun así –argumentaba Liloe–, dicen que cuando te acercas a la cima no hay suficiente oxígeno y te ahogas con cada paso que das. —Caminaremos más despacio, entonces. La conversación llegaba siempre a punto muerto, hasta que un día Tanei convenció a su amiga de que la acompañara hasta allí por su cincuenta cumpleaños. Por espacio de dos días caminaron hasta la falda del Kilimanjaro, donde unos guías les advirtieron de que se avecinaba mal tiempo y convenía aguardar unos días para ver qué pasaba. —No podemos dejar nuestro rebaño desatendido más tiempo –repuso Tanei–. Un pastor vecino ha prometido procurarles comida y agua los próximos siete días, pero ni uno más. —Regresemos entonces –propuso Liloe. —Prometiste subir conmigo. ¡Ahora no puedes echarte atrás! Para no aguantar el mal humor de su amiga, Liloe accedió a subir tras encomendarse a Ngai, el dios de los masáis que trae la lluvia y hace crecer la hierba. Como si este quisiera mostrar su poder, las dos amigas aún no habían llegado al primer campamento cuando una terrible tormenta estalló sobre sus cabezas. Mientras los rayos y truenos hacían temblar la montaña sagrada, corrieron a refugiarse en una cueva. Desde allí vieron bajar aludes de piedras y barro. También a algún montañero accidentado que era rescatado por los guías en una especie de carretilla. —¡Maldita sea! –bramó Liloe con lágrimas en los ojos–. Ya te dije que era una mala idea venir ¿No tenías bastante con verlo desde el poblado? —Cálmate, amiga –la consoló Tanei pasándole el brazo por la espalda–. Si Ngai ha querido que encontremos esta tormenta en medio de la montaña será por algo. —¡Por supuesto que sí! Es su castigo por ser tan incautas. Con lo bien que estaríamos ahora mismo haciendo labores en la cabaña... —Todo sucede por algo –se limitó a decir Tanei, que se resistía a dejarse vencer por el abatimiento. Llovió a mares durante todo el día y buena parte de la noche. Tras muchas discusiones y reproches, las dos amigas se envolvieron en sus mantas rojas y se acabaron durmiendo. Al amanecer, un tímido sol asomó entre los árboles y el bosque salió de su letargo en medio de un concierto de silbidos y chirridos de los animales que, desde su escondite, celebraban el fin de la tempestad. Nada más salir de la cueva, vieron bajar otras dos carretas con accidentados. Liloe lanzó una mirada reprobatoria a Tanei, como diciéndole: “¿Lo ves? Ya te decía yo”. —Bajad cuanto antes –les ordenó uno de los guías–. El camino ha quedado en muy malas condiciones y hay desprendimientos. Apesadumbrada ante aquel fracaso, Tanei bajaba la pendiente tan despistada que metió el pie en un socavón y cayó en una mala postura. —¡Creo que me he roto el tobillo! Liloe pidió auxilio a uno de los guías que llevaban heridos arriba y abajo, pero esperó a haber descendido de la montaña para decir: —No repitas eso de que “Todo sucede por algo”. ¿Quién nos mandaba venir hasta aquí pudiendo celebrar tu cumpleaños en casa? Espero que hayas aprendido la lección. Un médico del campamento base entablilló el tobillo de Tanei y, tras preguntar entre porteadores y cocineros, uno de ellos se ofreció a conducirlas en su carro hasta la granja. Vecinos de granjas cercanas fueron a recibirlas entre danzas y cánticos de júbilo. —No hay nada que celebrar –dijo Tanei apenada–. No hemos logrado pisar la cima. —¡Y eso qué más da! –saltó el viejo pastor que había estado al cargo de sus cabras–. Mucho mejor que subir una montaña es el milagro de que estéis aquí, cuando os creíamos muertas. —¿Cómo dices? –preguntó Liloe extrañada–. ¿Por qué tendríamos que estar muertas? —Venid a ver y no os asustéis. Sin entender nada, las dos mujeres siguieron al pastor hasta su granja. Lo primero que les sorprendió fue ver al rebaño fuera del cercado, que había caído en buena parte. —Por suerte, los animales lograron tumbar la cerca –explicó el pastor–. La tormenta ha pasado por aquí esta madrugada. Horrorizadas, las amigas descubrieron su cabaña reducida a un montón de cenizas. —Entre todos os ayudaremos a construir otra –dijo una vecina–. Dad gracias a Ngai de que cuando cayó el rayo estuvierais accidentadas en la montaña y no durmiendo aquí dentro, porque ahora también vosotras seríais cenizas. —¿Lo ves? –dijo Tanei, muy feliz, a su amiga–. Todo sucede por algo.



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Comentarios:
Lorena »
Me encanto, asi es aun cuando no tenemos claridad, todo sucede para algo. y por algo
Responder a este comentario »» Lorena »
Me encanto, asi es aun cuando no tenemos claridad, todo sucede para algo. y por algo
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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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