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  2 de septiembre de 2019
Vencer el miedo.
El miedo es una señal de alarma básica. Sin embargo, en exceso puede llegar a paralizarnos. Aceptar su presencia y afrontarlo lo convierten en un gran aliado.

Laura se encontraba en clase de matemáticas tres meses antes de acabar sus estudios universitarios cuando, de pronto, perdió la visión, sintió un inmenso dolor en el pecho y pensó que ahí se terminaba su vida.Estaba convencida de que estaba teniendo un ataque al corazón. Le sudaban las manos, tenía palpitaciones, mareos... Y creía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro. Estaba muy asustada.

Así llegó a Urgencias. El médico que la atendió le realizó un electrocardiograma y vio que todo estaba bien. A su corazón no le pasaba nada.

—Laura, has sufrido un ataque de pánico –le dijo–. Te puedo recetar unos ansiolíticos, pero te aconsejo que busques ayuda psicológica.

Así llegó Laura a mi consulta. Necesitaba vencer su miedo para que no la desbordase, ya que temía que este episodio se volviera a repetir.

EL MIEDO TIENE SU FUNCIÓN

El miedo es una de las cuatro emociones básicas que nos acompañan a lo largo de la vida junto con la rabia, la tristeza y la alegría. Es una de las que calificamos como negativas, aunque todas nos ayudan a adaptarnos al entorno en el que vivimos.

Las emociones siempre aparecen para darnos una información sobre la relación que tenemos con el otro o sobre el entorno en el que estamos.

La función del miedo es la de protegernos ante los peligros que puedan rodearnos, por eso nos lleva a contraernos físicamente. Cuando es saludable,nos anima a desplegar todos nuestros recursos para superar un reto.

En su grado máximo, el miedo nos bloquea y paraliza, extremo que también tiene una función adaptativa: muchos animales se hacen el muerto para sobrevivir y para que sus agresores dejen de prestarles atención.

¿Cómo podemos saber cuándo el miedo que sentimos corresponde a una amenaza real y cuándo es fruto de nuestra imaginación o se ha agrandado por razones ajenas a la situación real, hasta el punto de paralizarnos como le sucedió a Laura?

RACIONALIZAR EN EXCESO

Para que Laura empezara a darse cuenta de qué le estaba pasando, le conté una historia:

“Una vez una hormiga preguntó a un ciempiés: ‘¿Podrías explicarme cómo haces para coordinar y caminar tan bien con tus cien pies moviéndolos todos al mismo tiempo?’.

El ciempiés empezó a pensar en cómo lo conseguía, en qué órdenes mandaba a cada uno de sus pies y, en ese mismo momento, empezó a tropezarse. Fue incapaz de dar un nuevo paso. El pobre ciempiés todavía está pensando y no se ha movido del lugar”.

Eso mismo pasa con la vida: a veces, cuando uno intenta controlarla y empieza a dar vueltas a todo lo malo que puede pasar, se colapsa.

¿Cuántas veces te has colapsado tú? ¿Eso te ha impedido hacer lo que querías hacer? ¿Cuántas veces has evitado hacer cosas que te apetecía?

LA EPIDEMIA DEL EXCESO DE MIEDO: CONSECUENCIA DE LA ILUSIÓN DE CONTROL

En nuestra cultura han aumentado muchísimo los casos de ansiedad y ataques de pánico debido a que nos hemos creído que nuestra mente era omnipotente, capaz de prever todo lo que ocurre y todo lo que nos pasa.

Somos como el ciempiés: funcionamos hasta que empezamos a autorresponsabilizarnos de todo y nos exigimos tenerlo bajo supervisión. Entonces nos asalta el pánico por miedo a fracasar, a no llegar y a ser castigados por ello.

Vivimos en la falacia de que podemos controlarlo todo y, a la vez, estamos convencidos de que somos responsables de todo lo que nos ocurre. Ya no decimos nunca “si Dios quiere”; la mayoría de las religiones ha creado la imagen de un Dios vengador y castigador. Se nos enseña a temerlo.

Nos gusta pensar que somos capaces de lograr cualquier cosa que nos propongamos, pero hay muchas situaciones que escapan a nuestro control.

Nuestra cultura no nos ayuda precisamente a no sentir miedo. Está basada en él como forma de control de las personas. Las noticias que nos llegan, las películas que vemos... Todo constituye una gran fuente de miedo. Vivimos en un mundo que propicia que desconfiemos de los demás: te pueden matar, robar, engañar…

¿CÓMO PODEMOS SUPERARLO?

¿Cómo vencer esa educación que nos ha metido el miedo en el cuerpo hasta condicionar nuestra forma de actuar y sentir?

El miedo, como emoción primaria que es, tiene una manifestación en el cuerpo.Cuando una persona siente miedo, respira con la boca abierta entrecortadamente abre mucho los ojos, su cuello y su cara están rígidos. Estos síntomas aparecen cuando el miedo es de un nivel aceptable; en su grado máximo, puede llevar a la parálisis.

Sin embargo, el cuerpo posee su propio mecanismo para expresar el miedo: se pone a temblar. Si permitiéramos esta manifestación, desaparecería en unos segundos, como lo hacen el resto de las emociones primarias cuando encuentran un espacio de expresión. Vencer el miedo significa, en este caso, dejar que el cuerpo se exprese mediante movimiento, temblando.

Debemos tener en cuenta que existe un miedo primario y otro que se deriva de la fantasía y de la excesiva preponderancia de la razón. ¿En qué se distinguen?

  • El primario lo desencadena un estímulo externo amenazante que puede atentar contra la vida; es un miedo adaptativo que nos protege.
  • El otro está provocado por nuestros pensamientos; nos paraliza y nos impide actuar. Este es el miedo que hay que vencer.

Laura tenía un miedo secundario. Había dejado que su imaginación tomara las riendas. Estaba en un periodo de tránsito y se sentía sin recursos para asumir el cambio que significaría dejar de estudiar y empezar a trabajar. Cuando se enfrentó a sus fantasías, cuando pudo identificarlas y contrastarlas con la realidad, su miedo empezó a desaparecer.

Las palabras de Séneca nos recuerdan que “no dejamos de afrontar las adversidades porque sean difíciles, sino que son difíciles porque no las afrontamos”.

 


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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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