Saber escuchar, de verdad.
El poder sanador de los árboles.

Hoy es martes 12 de noviembre de 2019 y son las 05:42 hs. RADIO Y COACHING METAMORFOSIS DESDE ARGENTINA A TODO EL MUNDO.. La primera radio por internet dedicada al mundo del Coaching-Es el Mago que nos ayuda a transformar las Falencias existenciales en oportunidades!! Transformate con nosotros...COMUNICATE, TE ESPERAMOS.


  20 de septiembre de 2019
¿Por qué no nos ponemos de acuerdo?.
Nos rodean expresiones polarizadas, radicalizadas, irrespetuosas. Hemos olvidado el valor de un debate y cómo llegar a un punto de encuentro. ¿Lo recuperamos?.

Hacía un sol radiante y, en el parque, un grupo de personas disfrutaban de la bondad del clima. Al mismo tiempo, mantenían un acalorado debate. Desde dos bancos colocados casi uno enfrente del otro, cada grupo defendía con fervor su posición.

A medida que pasaban los minutos, el debate fue creciendo en intensidad y en vehemencia. En un momento dado, un hombre mayor se acercó al grupo y, exhibiendo una cálida sonrisa, preguntó:

–Buenos días. Mi nombre es Max y me está llamando mucho la atención vuestro debate. ¿Os importa que me una?

Desde uno de los bancos obtuvo de inmediato la respuesta:

 

–Claro, ¿de qué lado estás?

El hombre, tras mirar a uno y otro lado, dijo:

–Todavía no lo sé, dejad que me quede por aquí en medio de momento y, desde cada bando, os reto a que intentéis convencerme de vuestra posición. Y haciendo un notable esfuerzo debido a su edad, se sentó sobre una piedra que había entre los bancos.

El grupo reanudó el debate con ímpetu, esperando convencer al nuevo miembro. El tono de voz subía, y las interrupciones se sucedían. Max seguía las intervenciones con creciente incomodidad, una incomodidad a la que los debatientes eran totalmente ajenos.

Tras una media hora larga de discusión, le interrogaron:

–¿Y bien? ¿Te hemos convencido?

–¿Puedo ser honesto con vosotros?
–Claro, eso esperamos…

–Pues no, no me habéis convencido para nada. Y tengo que reconocer que hasta cierto punto incluso me habéis horrorizado.

Se hizo un denso silencio en el grupo, que Max aprovechó para explicarse:

–Creo que seguramente no sois muy conscientes de ello, porque hace mucho rato que no os escucháis unos a otros, pero vuestra opinión cada vez es más radical, y vuestra radicalidad se expresa ya como manifiesta hostilidad. En realidad, os oigo y casi me dais miedo.

–Eso es porque tenemos convicciones y las defendemos.

–Yo más bien creo que es porque tenéis miedo a dejar de tenerlas

El grupo se quedó totalmente desconcertado.

Max dejó pasar treinta largos segundos, hasta que añadió:

–Vuestra polarización viene del miedo a que vuestras creencias se tambaleen. Y para que eso no ocurra os cogéis a ellas de forma inamovible, las tratáis de imponer por la fuerza de vuestra voz, y os cerráis a escuchar nada, no sea que en el discurso del otro surja algo de razón. Me recordáis a los niños que cuando no les conviene oír algo, cuando lo que se les dice no cuadra con su idea, se tapan los oídos, cierran los ojos y gritan con fuerza…

–Pero, en realidad, demostraríamos muy poca solidez si nos dejásemos influenciar por las palabras de los otros.

Demostraríais mucha seguridad, no tengáis duda.

La persona insegura se atrinchera en sus creencias. La persona segura las revisa, escucha, y está dispuesta a cambiar de opinión si lo que oye le parece razonable.

El grupo se quedó mudo; el impacto de las palabras de Max era palpable. Uno de los presentes, que ya había comprado los argumentos de Max, se atrevió a decir:

–Pues Max, esa radicalidad... es eso lo que vemos cada día.

–Ahí está el problema: que el debate público se guía por el titular fácil, por el ataque tramposo, y ha renunciado a la dialéctica. Vivimos en un entorno donde “o estás conmigo o contra mí”, sin matices ni grises.

Max hizo una pausa, y añadió:

¿Es lo que queremos en nuestra convivencia día a día?

Otro de los presentes todavía no lo tenía claro:

–¿No es normal que cada uno defendamos lo nuestro y lo hagamos con fuerza?

Si lo que queréis es entreteneros, podéis estar cada uno en su bando, atrincherados, defendiendo a capa y espada la posición. Será todo un espectáculo (y por cierto, de eso viven las tertulias de muchos medios).

Pero si lo que queréis es construir algo, avanzar en alguna dirección, tendréis que abandonar vuestras trincheras y encontraros en algún lugar intermedio.

–Pero hay veces que no hay terreno común.

Siempre hay algo en lo que podréis estar de acuerdo. Puede ser tan solo el 1%, pero ya es algo. Y es allí donde hay que ir. Pero claro, si no os escucháis es difícil que lo encontréis…

–Es que eso puede parecer una renuncia.

–Sí, y eso nos hace esclavos de los nuestros, que si ven que nos movemos nos acusarán de traidores. Perdemos la libertad de pensar por nosotros mismos.

–Pero la polarización es lo que vemos cada día en la tele o en los periódicos.

–Pues no les demos la razón. Porque ahí afuera las nuevas generaciones de jóvenes nos están observando. Y podemos enseñarles que sabemos convivir, en lugar de perpetuar los desacuerdos. Ahora os sugiero que, con lo que os he estado contando, reiniciéis el debate.

Empezaron a hablar de nuevo entre ellos. Escuchándose un poquito más. Buscando terreno común. Estaban sorprendidos. Enseguida se escucharon voces de reconocimiento entre los dos bandos.

En un momento dado quisieron contrastar cómo lo estaban haciendo y dirigieron su mirada hacia Max. Pero en su lugar, una solitaria piedra permanecía como única testigo del debate.

¿IDEAS OPUESTAS? CÓMO ENCONTRAR UN PUNTO EN COMÚN

  • No podemos pensar en diálogo desde nuestras posiciones maximalistas. Solo se dialoga desde el mínimo terreno compartido, por mínimo que sea.
  • Lo que yo defiendo nunca puede ser LA verdad. Es, como mucho, MI verdad. Querer escuchar la verdad del otro es el inicio de la aproximación.
  • El mundo solo se explica por los matices de gris. Una imagen toda blanca, o toda negra, no revela nada.
  • Los extremos se acaban tocando… en el desprecio y la agresividad.


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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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