¿Te estás amando lo suficiente?.
Atrévete a decir lo que sientes.

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  1 de octubre de 2019
Mas alla de la autoestima: La armonia interior.
No es solo aceptarse y quererse, es sintonizarse con uno mismo, es mirarse con honestidad y evaluarse adecuadamente, reconocer las luces y las oscuridades.

Hay temas que, aunque recurrentes, nunca dejarán de requerir nuestra atención. Hoy pienso en esta cuestión al haber notado, desde hace un tiempo, cierta banalización de la importancia que tiene el tipo de relación que cada uno establece consigo mismo, con su vida, con su tarea y con sus creencias.

SINTONIZARSE CON UNO MISMO

Este asunto, que hoy prefiero llamar directamente con su nombre más técnico, es la actitud “ego sintónica”, un concepto que excede al más popular término “autoestima”, aunque lo incluya. En el fondo, tener una relación sana con uno mismo no consiste solo en saberse valioso, tampoco se trata simplemente de pensar bien de uno; no es un tema de sentimientos ni de un sistema de creencias adecuado, es más bien una manera de actuar y vivir la propia vida.

Este desafío se vuelve más difícil cuando asumimos que esa armonía del pensar, el sentir y el hacer no debería apoyarse en ningún tipo de comparación con otros, ya que, por definición, esa sincronía empieza y termina en mí mismo y, por supuesto, no se apoya en el listado de mis virtudes.

 
 
 

Ni tampoco en el ocultamiento de mis defectos, ya que una actitud como esa me esclavizará a ellos y me obligará a vivir tratando de esconder los aspectos menos “virtuosos” de mi ser, dando lugar a secretas vergüenzas o a justificar las siniestras conductas de autodesprecio: la llamada “ego distonía” (para completar la lista de términos técnicos).

LOS EGO DISTÓNICO

Los he visto en mi consultorio muchas veces: los ego distónicos son personas que llegan sintiendo una insatisfacción general. Muchas veces, su realidad es razonablemente buena y dicen ser envidiados por otros por “tener” lo que no llegan a disfrutar, se quejan de su baja autoestima y aseguran sentirse atrapados en esa penosa situación.

No pueden dejar de tener algunas de las “despreciables” características que los atormentan, sin notar que, al proponerse cambiar (para agradar a otros), necesariamente confirman que no son “queribles” así como son.

Para salir de este atolladero, es importante redefinir algunos conceptos, que a fuerza de ser repetidos se han quedado casi sin significado. Hace ya veinte años escribí el libro De la autoestima al egoísmo, título que, obviamente, sugería que hablaría yo a favor de aquella y en contra de este, cuando en realidad hacía justamente lo contrario, retomando la necesidad de descubrir el “buen egoísmo”.

CÓMO TENER ARMONÍA INTERIOR

La sintonía armónica no es otra cosa que la capacidad de mirarme con honestidad y evaluarme adecuadamente, reconocer tanto mis aspectos fuertes como los débiles, mis aspectos nutritivos y los tóxicos, mis luces y mis oscuridades, mis aciertos y mis necedades...

Tener una buena y saludable armonía interior no consiste en pensar que soy fantástico en todo (negando lo que la realidad me devuelve), sino en reconocerme tal cual soy y sentirme satisfecho y orgulloso de eso, aun cuando de inmediato pueda decidir ocuparme de trabajar mis aspectos más grises.

Uno debería preguntarse: ¿Por qué buscamos infatigablemente ser maravillosos?

Seguramente porque pensamos que solo así los otros podrán querernos, que solo se quieren las virtudes, los méritos y los logros de los demás. Y, sin embargo, si nos detenemos un segundo a considerar por qué queremos a quienes queremos, nos daremos cuenta de que nuestro amor poco tiene que ver con cuán exitosos sean.

¿Queremos más a un amigo cuando consigue un ascenso? ¿Queremos más a nuestra esposa si adelgaza un par de kilos? ¿Queremos más a un hijo si aprueba sus exámenes? Seguro que no (y si la respuesta fuera que sí, tu amor no es un gran amor que digamos).

AMARSE COMO A LOS DEMÁS

Si te preguntan por qué amas a los que amas, lo más seguro es que respondas: “No lo sé, porque sí. Porque es quien es. Por la felicidad que me da que esté a mi lado”. El verdadero amor no se nutre de cuán bueno, correcto, fuerte, inteligente, bello o valiente sea quien amamos; se nutre de su sola existencia (como dice Joseph Zinker).

Hagamos un ejercicio. Pregúntate:

Cuando amo a una persona, ¿qué hago con ella? ¿Cómo la trato?

Cuando amo a una persona, yo...
... intento hacerla feliz.
... no soy tan duro con ella cuando se equivoca.
... valoro su esfuerzo, no sus resultados.
... le hago mimos.
... le compro las cosas que le gustan.
... la protejo.
... respeto su opinión.
... no pretendo que sea diferente de lo que es.
... la perdono.
... la aliento a perseguir sus deseos.
... cuido su salud.
... le sonrío y le digo cuánto la quiero.

¿Sería tu lista parecida a esta? ¿Agregarías algo?
Bien. Respira...

Y ahora, después de un pausa, pregúntate:
¿Cuántas de estas cosas haces por ti?
 Lo más probable es que muchas de ellas queden eliminadas.

 

Una buena y fácil receta para ponerse ego sintónico consiste en tomar tu lista y comenzar a hacer por ti, una a una, todas estas cosas que haces por aquellos que más amas.

Muchas veces creemos que para ser dignos de amor debemos ser portadores de destrezas extraordinarias. Pensamos que para que alguien quiera prestarnos atención o escucharnos con interés deberíamos haber conquistado saberes arcanos o talentos deslumbrantes.

Sin embargo, para convertirse en alguien valioso para alguien también valioso basta con la convicción de que “algo” se puede aportar, poco o mucho, pero valioso. El mejor compañero de ruta no es el que todo lo sabe o todo lo puede, sino aquel que se atreve a ser quien es y te invita a compartirlo.

 



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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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