Para Francisco, "la próxima guerra será por el agua"
EL MAL HÁBITO DE POSPONER

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  27 de noviembre de 2019
Miedo a equivocarse: cómo superarlo y avanzar
No tomar decisiones por miedo a equivocarse no garantiza dejar de cometer errores, porque en realidad el miedo al fracaso te confina a tu zona de confort y te impide avanzar y realizarte como persona. Aprende cómo superarlo.

El miedo a equivocarse, a cometer errores, a no poder retroceder las agujas del reloj y empezar de nuevo, es uno de los temores más frecuentes en el ser humano, y tiene dos caras. Una cara buena y protectora que nos facilita la adaptación al medio, ayudándonos a anticipar y evitar posibles peligros; y una cara mala que nos limita, que no nos permite crecer, haciendo que nos acomodemos plácidamente en nuestra zona de confort y nos convirtamos en meros espectadores de nuestra propia vida.

Una vida en la que no nos permitimos el lujo de tomar partido de forma activa, por temor a lo que pueda ocurrir después. Esta cara mala, hace que cada vez más personas acudan a la consulta de psicología por experimentar un miedo constante a cometer errores, que no les permite avanzar en sus vidas.

En muchos casos, en lugar de miedo expresan una sensación de frustración al ver como pasan los años sin que ocurra nada nuevo. Si bien para estas personas el miedo a equivocarse no es su principal motivo de consulta, al evaluar su situación encontramos que el temor a errar en su toma de decisiones es uno de los principales motivos involucrados en el origen y la continuidad del malestar emocional que les alerta de que algo en sus vidas no funciona.

 

Miedo al fracaso: cuáles son sus causas

El miedo es una emoción primaria –con la que nacemos, y que experimentan todos los miembros sanos de una especie– que está al servicio de nuestra supervivencia, permitiéndonos elegir la mejor forma de afrontar diferentes circunstancias. Aparece cuando interpretamos la realidad como amenazante ante un potencial daño físico (por ejemplo, una agresión) o psicológico (por ejemplo, pensamos que nos van a valorar mal).

Por lo tanto, tener miedo de cometer equivocaciones o errores es sano y normal, ya que un error puede traer consigo daños físicos (por ejemplo, un accidente) y psicológicos (por ejemplo, el rechazo de personas significativas para nosotros). Sin embargo, para algunas personas el miedo a equivocarse, lejos de ayudarles a resolver problemas, se los crea, debido a su incapacidad de tomar las riendas de su propia vida. Las principales causas de esto son:

  • Interpretación pesimista y negativa del mundo y la realidad

    Es el caso de personas que experimentan un verdadero estancamiento en su desarrollo personal, social, laboral, etcétera, porque el miedo a equivocarse les impide salir de su zona de confort. ¿Qué les pasa? ¿Por qué una emoción destinada a ayudarles a adaptarse tiene el efecto contrario? La clave está en la interpretación.

    Desde la psicología cognitiva se considera que las interpretaciones que hacemos de la realidad, de nuestra competencia a la hora de resolver problemas, o de los resultados de nuestra conducta, son determinantes a la hora de explicar cómo interpretamos el mundo y la adversidad. Las personas con miedo a cometer errores tienden a presentar un estilo cognitivo (forma de procesar la información y de interpretar la realidad) centrado en las amenazas (todo lo que puede salir mal) y las pérdidas (todo aquello que pueden perder, olvidando lo que pueden ganar). Esta interpretación del mundo les dificulta tomar decisiones o emprender acciones debido a que experimentan elevados niveles de ansiedad cuando tienen que hacerlo.

  • Evitar emociones negativas y obtener beneficios

    Para evitar esta ansiedad, deciden no intentarlo, o rendirse si no consiguen resolver el problema fácilmente y con rapidez; de esta forma su ansiedad cesa y se refuerzan sus conductas de evitación o escape, a cambio de no aprender a desarrollar estrategias que les permitan gestionar su miedo al error, o darse cuenta de que, aunque se equivoquen, sabrán cómo solucionarlo.

    En el mantenimiento del miedo a equivocarse patológico se conjugan aspectos cognitivos relacionados con la interpretación de la realidad, y otros puramente aprendidos. Estos últimos se refieren a conductas con las que han obtenido algún beneficio. Por ejemplo, no enfrentarse a los posibles errores (la evitación) se refuerza por el alivio de la ansiedad. Otras ganancias secundarias serían conseguir que sean otros los que afronten la tarea en su lugar, recibir más atención por parte de otras personas, bajas médicas que se prolongan…

  • Baja autoestima

    Este tipo de personas no solo tienen una interpretación errónea de la realidad, sino también de su propia competencia. De esta manera explican sus éxitos aludiendo a causas no controlables por ellos (como el azar), específicas (creen que les ha ido bien en una circunstancia concreta), y temporales (creen que su éxito no tiene por qué repetirse en el futuro). Por el contrario, explican sus errores aludiendo a causas internas (por ejemplo, se sienten incompetentes), generales (será así en todos los contextos), y permanentes (les irá siempre mal).



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EL RATON DE LA GRANJA- Cuando pienses no es mi problema .. recuerda esto.

 

Un ratón, estaba tranquilamente mirando por un agujero en la pared, cuando vio a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. En ese momento pensó, - ¿qué tipo de comida podía haber ahí -, pero quedó aterrorizado cuando descubrió que no era comida, sino una trampa para ratones.
Entonces fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: – ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! -.
La gallina, que estaba cacareando y escarbando en busca de una brizna de hierba, levanto la cabeza y dijo: – Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, ni me incomoda la trampa para ratones -. 
El ratón fue hasta entonces a buscar al cordero y le dijo: – Hay una ratonera en la casa, ¡ una ratonera !. - Discúlpeme Sr. Ratón-, le respondió el cordero, - pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que sera recordado en mis oraciones.
Asustado el pequeño ratón se dirigió entonces a la vaca que le respondió: – ¿Pero acaso estoy yo en peligro?… pienso que no -. Aquella noche el ratón volvió a la casa, preocupado, sólo y triste, para enfrentarse a la ratonera del granjero, pero al llegar oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima.
Al oír el ruido la mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, no vio que la ratonera lo que había atrapado era la cola de una serpiente venenosa. que velozmente le pico en la pierna. El granjero, que acudió a los gritos de su esposa, la llevo inmediatamente al hospital para que la curaran, pero de vuelta a casa aún tenía una fiebre alta.
El ratón, desde su agujero, observaba cómo el granjero cuidaba a su mujer. Y como todo el mundo sabe que para cuidar a alguien con fiebre, no hay nada mejor que una nutritiva sopa, vio como agarró un cuchillo de la cocina y fue a buscar a la gallina, que es el ingrediente principal para preparar una rica sopa.
Pero como la enfermedad de la mujer continuaba, la familia, los amigos y vecinos fueron a visitarla. El ratón vio como el granjero tuvo que matar al cordero para darle de comer a sus visitantes. Sin embargo y a pesar de todos los cuidados de su esposo, la mujer no mejoro y acabó muriendo. Entonces el pequeño ratón vio, desde su ratonera, como el granjero, para poder pagar los gastos del funeral, vendió la vaca a un hombre que se la llevó al matadero.
Cuando escuches que alguien tiene un problema y creas que ese problema no es tuyo o que no te afecta, y no le prestas atención… acuérdate de como acabaron la gallina, el cordero y la vaca y piénsalo dos veces, antes de darle la espalda.
Adaptación de un texto de Internet de autor anónimo.

 

EL ARBOL DE LAS PREOCUPACIONES.

 

Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en la casa, para ver cómo iban las obras.

 Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se ofreció para llevarle a casa.

 El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.

 Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

 - ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

 - Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa.Cuando toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los que dejé el día antes. 

 Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas de su vida.

   Reflexión:

Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil, pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un  hábito que nos permitirá disfrutar mejor de nuestra vida.

 Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de impedirnos disfrutar del presente. 

 Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación,  ejercicios mentales, etc. 

 Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo cada día.

 

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